Nov 10

Hace tres meses cumplí cuarenta años. Tengo una mujer encantadora y un hijo de año y medio que es una auténtica monada. Trabajo como Free Lance o, mejor dicho, en castellano del bueno, me busco la vida a mi manera como uno de tantos y tantos trabajadores autónomos de este país. Creo que hasta aquí todo es normal, unos meses mi vida se acelera como un cuenta revoluciones a 8000 mil vueltas por minuto y otros se para todo y voy funcionando al ralentí. Soy una pieza más del engranaje del sistema, del río que fluye: entre semana produzco, me cobran lo que produzco (hipoteca, letras, seguros, tarjetas) y el fin de semana me gasto lo que he producido de más (hipermercado y aledaños en el centro comercial).






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