Brad Pitt tarda 20 segundos en ganar 1.000 euros y la presentadora estrella de la televisión en USA, Oprah Winfrey, sólo necesita un supiro (tres segundos exactamente) para hacerse con la misma cantidad. Lo he leído en un semanal serio, no es ninguna broma; pero para evitar depresiones innecesarias me reservo el contaros las horas que debe invertir un directivo medio en esta España nuestra para embolsarse 160.000 de las antiguas pesetas. Será la ley de la oferta y la demanda, pero el tema es un disparate que, además, genera cierta mala baba.
Escarlata O’Hara era una incomprendida. Cierto es que la chica no se andaba con tonterías a la hora de lograr sus objetivos, pero no es menos verdad que era decidida, voluntariosa y optimista, lo que le permitía resolver sus problemas y necesidades más primarias (comer, por ejemplo) y, de paso, solucionar la papeleta a los de su alrededor. Siempre me pareció injusto que ella fuera considerada una heroína luchadora pero sin escrúpulos, mientras que la dulce Melania se convirtiera en el prototipo de mujer buena, abnegada y generosa. Sin Escarlata, Melania no hubiera durado dos telediarios, porque habría sido incapaz de sobrevivir en un escenario tan feroz.
La “huella ecológica” es un termino acuñado en 1.996 por Mathis Wackernagel y William Rees partiendo de la idea de que cada unidad de materia y/o energía que consumimos requiere de una cierta cantidad de territorio para abastecernos de esos recursos y para asimilar los residuos generados. El valor didáctico del concepto de huella ecológica, muy vinculado al concepto de “biocapacidad” -y referido a la capacidad de regeneración del territorio-, reside en que hace evidentes dos realidades ligadas.
Si el cambio climático esta vinculado a la presencia del dióxido de carbono en la atmósfera y en los 3.500 siglos que preceden al siglo xx las cantidades de este presentes en la atmósfera nunca han superado las 300 partes por millón (en la época pre industrial no superaba las 280 ppm,- en la actualidad rozamos las 370 ppm; y de seguir así, en menos de 50 años duplicamos la cantidad) estamos hablando de un problema que compete a quizás tres o cuatro de las generaciones presentes en algunos de nuestros hogares.
No creo ser el único que alguna vez ha fantaseado con la idea de que alguna solución técnica: la acuicultura, alguna alteración metabólica en los marranos o tal vez la bondad de algún transgénico, irrumpirá de pronto en nuestras vidas y acabará de un plumazo con el hambre. Y eso, si no me pasa a mi solo, quiere decir que miramos con buenos ojos “las soluciones técnicas” confiando en que algún día acabaran con nuestros problemas.
Demasiado jóvenes para resignarnos y demasiado mayores para empezar de cero.Aparentemente, lo tenemos crudo, y sin embargo somos una generación a la que se le puede sacar mucho partido. Inmersos en la década de los cuarenta, hemos afrontado -me atrevería a decir que, con éxito- el reciclaje al que nos ha obligado la era tecnológica y ya no somos analfabetos funcionales ante un ordenador o cualquier otro aparato con más de dos botones, de esos que en teoría funcionan para facilitarte la tarea y en realidad a menudo te complican la existencia. En general, tenemos demostrada experiencia profesional y personal, sabemos manejarnos y no nos asustan el trabajo ni las dificultades, porque ya entendimos que la suerte también se gana.
El pasado mes de julio 22 grados en el ártico… Claro que lo del cambio climático no será porque aquí el verano ha sido fresquito y corto. A veces me imagino que el fin del mundo tendrá una gritona música hortera de fondo, olerá a sardinas a la brasa y nos va a pillar a todos acodados en la barra apurando una caña en el chiringuito. Nos va a pillar a todos de vacaciones; con la pinta innoble del veraneante. Continuar leyendo »
Las noches que ayer se agotaban en un suspiro, poco a poco e irremisiblemente, se alargan; aún son húmedas, pero su abrazo es menos cálido y, a veces, en la madrugada te golpea un latigazo inesperado y fugaz de frío, que provoca un estremecimiento. El verano anuncia su final con precipitada antelación y estrena septiembre advirtiendo que a la vuelta de la esquina nos espera el orden y el rigor de lo cotidiano y, por supuesto, el gris, que este año es tendencia.
Puede que seas serio, formal y modosito, pero si debajo del traje sigues llevando camisetas de los ramones; si a veces te sale un punto heavy cuando te pones las gafas de sol, o moderno, o punky, o tecno al ponerte gomina… sigues vinculado a esta generación masificada y sin paladines.
Y bueno, ya que se empeñan en tratar de describirnos a través de terceros ¿por qué no fijarnos un poco en ellos? …Continuar leyendo »
Pertenezco a una generación de la que siempre he oído hablar a miembros de otras generaciones. De hecho hasta el nombre es heredado; y viene dado por un fenómeno de “explosión demográfica” ocurrido en los Estados Unidos tras la segunda guerra mundial y repetido con posterioridad en algunos países desarrollados -y el nuestro-. Estas generaciones, las del baby boom, se caracterizan por combinar un gran número de miembros, que cuentan con una elevada esperanza de vida y que disfrutan de un nivel de vida, sin precedentes.
Un poeta ambulante que vendía versos en la calle a cambio de que le acariciaras la mirada con una sonrisa escribió una vez: “Me gusta hacer el amor en las tardes de lluvia, pero es una excusa”. A mí también me encanta, aunque con el tiempo he aprendido a no necesitar pretextos para cumplir mis deseos, sea cual sea el clima que me arrope.
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