May 28

Que yo sepa sólo hay cuatro opciones que le permitan a uno vivir, con lo carísimo que resulta. A saber: trabajar por cuenta ajena; ser empresario (aunque tu plantilla en pleno quepa en un Ford Fiesta); laborar como free-lance, léase autónomo; o formar parte de esa élite tan escasa como envidiada que conforman los rentistas, ricos de cuna y beneficiarios de algún tipo de sorteo millonario. Hay otras posibilidades, pero son ilegales, inmorales o engordan la mala conciencia del que la tiene.

Dando por buena la premisa de que la mayoría de los mortales tenemos que currar, cabe hacer otra distinción: establecer la diferencia entre los que viven para trabajar y los que trabajan para vivir. Como casi todo, esto también es una elección; al menos entre los privilegiados que hemos nacido en el denominado primer mundo, máxime si hemos tenido la oportunidad de formarnos como profesionales cualificados.

A menudo el trabajo es un refugio en el que centrarnos cuando otras áreas de nuestra existencia no funcionan como nos gustaría. O, aunque resulte paradójico, una excusa inaplazable para no resolver otras cuestiones a las que tememos enfrentarnos. Incluso le achacamos el que nos provoca una carga de estrés que, en realidad, tendríamos que repartir con conflictos emocionales, soterrados o no, que preferimos no admitir.

La responsabilidad es nuestra, no vale engañarse. Tú eres quien decide si necesitas 20 ó 50 para financiar los gastos del estilo de vida que has adoptado. Cierto es que algunos tienen dificultades para llegar a fin de mes y se apañan con lo que pueden, teniendo que aceptar cualquier condición laboral que se les imponga; pero hay un montón de gente que se queja permanentemente de las obligaciones que les impone su ocupación, cuando podrían optar por otras fórmulas aunque éstas conllevasen cierta merma de ingresos, prestigio o estatus.

A costa de alguna renuncia, y no pequeña, decidí trabajar para vivir y no al contrario. A partir de entonces, desde hace algún tiempo me planteo un paso más. Que mi trabajo se acomode lo máximo posible a dónde y cómo deseo pasar mis días, y no al revés. El objetivo, por tanto, es encontrar la manera de desempeñar una tarea profesional que me permita vivir en un lugar en el que me sienta cómoda y a gusto, y organizar el horario de modo que no condicione la mayor parte de mi existencia. No es fácil y doy por descontado que tampoco me saldrá gratis, pero tengo muy claro cuáles son mis prioridades y sólo se trata de ir buscando alternativas hasta que encuentre una que me resulte válida. De entrada, me basta con lograr una vía que garantice el equilibrio y, a partir de ahí, seguir avanzando, sin prisa pero sin pausa, en pos del propósito final. 

Lamentarse de continuo y no intentar cambiar nada, por miedo a asumir riesgos, es muy cómodo, hasta entendible socialmente, pero en realidad es un cepo en el que te quedas atrapado. Siempre hay una buen pretexto para permanecer anclado en la insatisfacción laboral y si, además, le puedes echar la culpa a un jefe, mejor. Pero no conduce a nada. Desengáñate, es altamente improbable que llamen a nuestra puerta a ofrecernos una bicoca. Suena muy duro, pero hay un refrán castellano que viene al caso: “el que quiera peces, que se moje el culo”. Al menos, creo que vale la pena intentarlo.

 

Susana Abia

 

 

  

 

 

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3 Respuestas a “¿TRABAJAR PARA VIVIR O VIVIR PARA TRABAJAR?”

  1. la comunidad terra Dice:

    […] otras posibilidades, pero son ilegales, inmorales o engordan la mala conciencia del que la tiene. Continuar leyendo » Archivado en: "susana abia" "cambio generacional" jefes oportunidad […]

  2. Mamymechu Dice:

    ¡Verdades como puños! Huir no es la solución, ni la edad excusa.
    Después de estar unos años dedicada intensivamente (lease literalmente) a mi realización profesional, me he dado cuenta de que ésta debe, y puede, seguir desarrollándose sin por ello renunciar a tanto tiempo personal como hasta ahora. Hay que dejar de “esconder la cabeza bajo el ala”, perdona que yo también tire de refranero, y dedicarle a cada cosa su justo tiempo, no por ello las cosas van a dejar de salir a tiempo.
    ¡Gracias!

  3. Charo Dice:

    Pues sí señora, es así de simple y sencillo. Eso de pasarse 14 horas diarias en el trabajo, dejando de lado familia y vida personal es de lo más retrógrado. Además, siempre te amoldas a lo que tienes, si ganas más dinero siempre gastas más y cuando lo dejas de ganar te adaptas a la nueva situación. Es de bobos vivir por encima de nuestra posibilidades y trabajar como burros para una empresa a la que no le importará un bledo ponernos de patitas en la calle cuando ellos quieran. Se trata de vivir, de sobrellevar esta existencia que no es fácil y de no poner trabas a nuestros deseos.

    Hay que enfrentarse a los cambios con decisión y con valor, y no pasarnos la vida quejándonos de nuestra mala suerte. No será tan mala cuando no hacemos nada por cambiarla.

    Saludos

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