May 22

 

Los jefes tóxicos son un cáncer para las empresas; sus subordinados huyen de ellos o se queman. En mi corta trayectoria profesional como periodista una vez tuve un jefe que desde el momento en que me entrevistó para contratarme me pareció atípico (y estoy siendo aséptica).  No se me da bien prejuzgar y detesto juzgar así que de aquel primer encuentro, del que salí con un contrato bajo el brazo, no saqué ninguna conclusión sobre él; sí que conservo un sabor agridulce porque en el transcurso de la entrevista cuestionó mi profesionalidad; con el tiempo se lo reproché y se excusó.

 

Metidos de lleno en la vorágine de sacar adelante un periódico nuevo, con más ilusión y empeño que medios, seguí pensando que aquel señor que me había contratado a veces era un poco raro. No sé cómo ni por qué pero nos entendíamos, profesionalmente hablando, claro.

 

Pasaron los días, las semanas, las reuniones de primera página para decidir la portada del periódico y mi jefe se volvía más raro: salidas de tono, gritos porque faltaba una coma en un artículo, aspavientos por contratiempos nimios que tenían que ver con la organización diaria del trabajo… en fin que a veces llegué a pensar incluso que le iba a dar un infarto. ¡Qué final más triste y surrealista! ¡Morir en una oficina en pleno ataque de ira! Pero no, la sangre no llegó al río.

 

Me costó caer del burro pero al final comprendí que aquella persona, cuya identidad obviamente voy a mantener en el anonimato, vivía en su pedestal y que la altura que lo separaba del suelo lo había alejado del común de los empleados, todos periodistas como él. 

 

Bajo su aureola de jefe supremo y sus desproporcionadas reacciones había (y seguirá habiendo, ya no trabajo ni con él ni para él) una persona obsesionada con el trabajo –un 8% de los españoles son adictos al trabajo– que proyectaba sus frustraciones, neuras y complejos en su entorno laboral. Un jefe tan endiosado e inmerso en su universo laboral que se había olvidado de lo más importante, de vivir. Que había perdido el norte.

 

Ahora veo que aquel jefe atípico responde a un prototipo por desgracia para sus subordinados, claro está. Que ese patrón de comportamiento se repite. Que los jefes (o los que van de jefes sin serlo, que también los hay) que son incapaces de mantener la calma en momentos críticos, de ponerse en el lugar del otro y, en definitiva, de respetar a las personas que les rodean abundan. Aunque parezca increíble hay que explicarles incluso que no deben abusar de su posición de fuerza; sí hay que explicárselo, aunque sean causas perdidas.

 

El trabajo se convierte para ellos en el lugar en el que proyectan sus frustraciones y en el que se refugian para huir de problemas mayores de índole personal por miedo a afrontarlos (relación con los hijos, con la pareja, adicción a las drogas o simples complejos no asumidos).

 

Para esa especie en vías de expansión más de que de extinción se ha acuñado un término, jefes tóxicos: directivos para los que el fin justifica los medios y que no tienen reparos en quemar a sus equipos y sustituirlos por otros a la mínima oportunidad. La definición es de Iñaki Piñuel, profesor de la Universidad de Alcalá de Henares y experto en mobbing (acoso laboral en su acepción en inglés).

 

En la clasificación que hace Piñuel, los jefes tóxicos o nocivos se subdividen en tres tipos: el narcisista, que tiene una autoestima tan baja que propaga la mediocridad a su alrededor para que nadie le haga sombra; el psicópata, un tiburón en su trabajo, sin escrúpulos e incapaz de sentir empatía por los demás, y el paranoide, con déficit crónico de confianza que se pasa el día fiscalizando el trabajo ajeno y poniendo a prueba a los demás. Ninguno interesa a las empresas, ni mucho menos a los trabajadores que huyen de ellos como de la peste o se queman.

 

Pero ahí están los jefes nocivos, y me temo que por muchos años; algunos hasta están encantados de haberse conocido, ignorantes en el fondo de que se han olvidado de vivir. ¡Que les cunda! Al fin y al cabo, la muerte es lo más democrático que existe porque nos coloca a todos en el mismo sitio, sin pedestales que valgan.

 

Almuñecar

 

 

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12 Respuestas a “Y DE TANTO TRABAJAR… SE OLVIDÓ DE VIVIR”

  1. Ostra Dice:

    jajajajajajaja!!!!!
    Casi he visto su cara de cabreo mientras leía tu post.
    ¡Muy bueno!, lo suscribo plenamente

  2. Pimpollo Dice:

    Muy bien escrito Almuñecar.
    Sigue escribiendo. No pares. vales mucho!!!!!

  3. Chapi Escarlata Dice:

    Almuñecar, qué razón tienes y cuánto abundan. Yo, mismamente, tengo uno igual, y creo que ahora lo tengo repe, así que voy a ver si cambio uno en el mercado de cromos.

  4. La comunidad terra Dice:

    […] de la entrevista cuestionó mi profesionalidad; con el tiempo se lo reproché y se excusó. Continuar leyendo » Archivado en: cambio de trabajo,Almuñecar,burn […]

  5. Dianuska Dice:

    Ay, Almuñecar, cuánta razón tienes. Aunque para mí el problema no es solo tener un jefe tóxico sino tener un grupo de subjefes y jefes adjuntos acobardados, totalmente anulados. Porque un jefe puede llegar a estar equivocado, pero si sus subalternos tienen criterio y son valientes, puede reconducir, hasta cierto punto la situación.

  6. David Dice:

    Tienes razón! Hay muy pocos jefes buenos en este mundo.. y porque? Es porque el hombre es adicto al poder y quietre mostrarlo a todo el mundo?

    Pues, yo todavía quiero creer que hay un trabajo perfecto para mi (la esperanza es lo último que se pierde, no?) y por eso sigo buscando :)

    Si necesitáis un poco de ánimo, aquí os dejo un par de vídeos para aquellos que quieren encontrar el “Trabajo Perfecto”:

    http://www.youtube.com/monsterempleo
    http://www.dailymotion.com/video/x52y26_el-trabajo-ideal-monster_webcam

  7. pequeña tosedora Dice:

    Ser buen jefe es muy difícil, la verdad. Hay que saber tratar a la gente, aprender a delegar, no desconfiar de tus empleados y lograr lo que es más difícil todavía que vayan a gusto a trabajar y estén contentos. Hay que mimarles y tratarles bien; esa es mi filosofía

  8. Miguel Angel Dice:

    Hay de todo. Jefes tóxicos y también los entrevistadores que van de perdonavidas por el mundo.
    En una entrevista un pringao (no puede tener otro nombre) me dice al final de la entrevista: -¡mmm! No me ha gustado la entrevista. No sé si te voy a llamar.
    Ahora bien. Sí me llama, por teléfono y me dice el cabrón:-al final hemos decidido hacerte un favor, y bla, bla, bla.
    Yo le digo:-gracias, pero no me interesa el trabajo.
    Palabra mágica, pues ¿sabes lo que ocurrió? Puso una vocecita de corderito degollado y me dice:-¡¡Por favor, aceptaló!! (parecía que iba a llorar).
    Y como me negué, me cuelga sin más, pero…. dos semanas más tarde me vuelve a llamar. Estaban desesperados. Necesitaban un infografista.

    Moraleja: en el teatro de las entrevistas de trabajo, lo mejor es ir tú por delante del entrevistador. Que no te coma él. Que vea que vales. ¡Véndete bien y el entrevistador llorará por ti!

  9. la china de alicante Dice:

    suscribo todo lo que dices y añado ademas que existen muchos otros jefes,clasificados a mi humilde entender como .
    jefe sátiro acosador, se cree que por darte trabajo tiene derecho a meter la mano debajo de tu falda
    el jefe noooo!!!, te niega por defecto todo lo que le pides sean dias,adelantos de tu propio sueldo o incluso mejoras en su propia empresa
    el jefe corderito, dícese del que siempre esta en tus peores momentos y no precismente para ayudarte que es lo que él dice, sino para pisarte el cuello
    luego esta la jefa, o sea mujer del jefe celosa reprimida, que enfoca todas sus dudas existenciales en las mujeres que contrata su marido,esta es la peor de todos por que a la chita callando te hace la vida imposible.
    y por último el hijo del jefe, un niñato al que le doblas la edad pero que genralmente piensa, si es que piensa alguna vez, que por ser quien es tiene derecho a todo lo que anteriormente he dicho de sus padres y a algo mas si cabe.
    esto es uns empresa familiar,rianse ustedes de las multinacionales.

  10. almuñécar Dice:

    Ja,ja,ja,ja!!! Me gusta la clasificación que hace La China de Alicante; la verdad es que los jefes sátiros-acosadores existen por el dichoso machismo que nos quitamos de encima ni a la de tres.

  11. muñequita de trapo Dice:

    Bueno,yo trabajo en una empresa familiar,pequeña empresa,concretamente somos madre e hija y sí!!vaya tela,como dice la china de alicante…ya que lo de ser jefe debe de llevar en sí implícito anular al subordinado,en este caso yo y da igual el parentesco,no hay piedad,creo que tiene que ver con abuso de poder,encima cuando es familiar se mezclan muchas cosas y es un poco dificil distinguir y separar,pero tiene una ventaja,que cuando te putean piensas:es mi madre y me quiere,menos mal,aunque por otro lado también aguantas cosas que no debes,aunque debo de reconocer que es recíproco…en fin lo de ser jefe por otro lado no tiene que ser nada fácil y poniendome en la piel de los jefes,comprendo que la responsabilidad y el nivel de estres debe de ser muy elevado..pero eso sí porfavor jefes del mundo sean un poquito más inteligentes y comprendan de una puñetera vez que el ambiente de trabajo es determinante para el rendimiento de los empleados y que está muy bien corregir pero también valorar lo que se hace bien,que no somos máquinas y que es absurda la actitud castradora y anuladora porque en la mayoría de los casos se vuelve siempre en contra,precisamente de los propios jefes….en fin las multinacionales ya es otra historia,ahí se gana tanto que encima juegan a la esclavitud,que triste…realmente no se dan cuenta que eso va minando sus conciencias inconscientemente y que luego sale en forma de enfermedad chunga y desequilibrio emocional…y entonces para qué tanta pasta y tanto explotar a la gente?…achabo mundo de locos…no entiendo nada…no hay peor enemigo para un hombre que otro hombre…..
    ciao almuñecar,sigue con tus artículos que están muy bien y son temas muy actuales e interesantes de debatir….

  12. Arrikitaum Dice:

    Para mí una empresa perfecta es una empresa en la que uno no siente constantemente una relación de jerarquía, sino más bien una diversidad y especialización de funciones. Independientemente de que exista una relación laboral por cuenta ajena, prefiero sustituir los conceptos de jefe-subordinado por el de empleador-trabajador. A partir de ahí, cada uno tiene muy claro cuáles son sus funciones, y el hecho de que el empleador se encargue de fiscalizar las funciones de los trabajadores que emplea, en modo alguno implicaría una relación de subordinación, porque todos somos personas, y, por ejemplo, no tiene menos categoría un administrativo que un periodista, y viceversa. Aquí no vale lo de que el que puede lo más puede lo menos, porque me gustaría a mí ver a un “jefe” escribiendo una carta o enviando un burofax… Para ello es imprescindible que exista una confianza recíproca entre el empleador y los trabajadores. Eso es, en brevísimas líneas, las ídeas generales de lo que representaría para mí un buen principio para una buena organización en una empresa, y creo que generaría mejores resultados, y más satisfacción.
    Pero la descripción que haces de los jefes en tu artículo es tan…. real, que dan ganas de llorar, porque es precisamente todo lo contrario de lo que se debería hacer para conseguir una empresa eficiente, y un buen ambiente de trabajo y, en definitiva, que trabajar no suponga un suplicio, sino un motivo más de satisfacción personal.

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