
“No hay castigo más terrible que el trabajo inútil y sin esperanza” A. Camus.
Para la mitología griega Sísifo, fundador y rey de Corinto, fue un gran emprendedor promotor de la navegación y del comercio; pero también un avaro mentiroso que recurrió a medios ilícitos para incrementar su riqueza.
Si atendemos a Homero, era un santo varón prudente donde los haya y, sobre todo, astuto. El más astuto de los hombres. Cuando Tánatos fue a buscarle, se las apañó para ponerle grilletes; el caso es que como no se moría nadie a Plutón le entró tal muermo con todo tan despejado y tan silencioso, que le dio el tabarrón a Hades para que liberara a Tánatos y pusiera a Sísifo bajo su custodia. Lo gracioso es que a Sísifo, como buen perroviejo que era, no se le habían acabado los recursos. Antes de morir le dijo a su esposa que ni se le ocurriera ofrecerle el sacrificio que habitualmente se empleaba para honrar a los muertos… para nada más llegar al Infierno empezar a quejarse: que si su esposa era una tal, que si era una cual, que ya le vale, que fíjate, que no me ha “echao” ningún sacrificio… Tanto dio la brasa que al final Hades le dejó volver para ponerla a caldo. Claro, una vez fuera “échale millas”… fue preciso el paso de un huevo de años y un decreto del Olimpo para hacerlo volver por la fuerza de Corinto.
Su menosprecio a los dioses, su odio a la muerte y su apego apasionado a la vida y a los bienes materiales -prefirió el agua para Corinto a los rayos celestes- le costaron el famoso suplicio que lo trae hasta nuestros días.
Me pregunto si Sísifo conocía su condena desde el principio o si más bien fue adquiriendo consciencia de la misma una vez metido en harina. Cambia la cosa ¿eh?. De saberlo, a ir descubriéndolo sobre la marcha, cuando ya has bajado varias veces a por el pedrusco, especulando impertérrito, con cómo hacértelo en la próxima ocasión, eso si, con la mosca ya detrás de la oreja.

La primera subida de Sísifo.
Oleo sobre lienzo del expresionista mediterráneo Fernando Terol.
¿A dónde conducen los esfuerzos sin recompensa…?
Mi trabajo es una sucesión de nuevos trabajos, (quizás menos de los que quisiera). Cada trabajo supone un nuevo proyecto, un nuevo reto, una urgencia, un problema que requiere soluciones -y las requería para ayer-. Y aquí uno de mis más graves errores, porque muchas veces me despojo de la ecuanimidad, bobo de mi, mientras me adentro en el afán del “se puede hacer” para estimularme, para meterme de lleno en el asunto con gesto adusto y con urgencia. Y cargo las tintas sobre mis responsabilidades, habilidades, actitudes, aptitudes… antepongo los fines del asunto a los propios… Y se me pone una enorme cara de jilipollas cuando veo que he cumplido con mi parte y la callada es la respuesta…
Cada vez que intento imaginarme a Sísifo justo en el momento en el que el pedrusco coge carrera y baja a toda hostia hasta lo más profundo de su conciencia lo veo con la misma cara de jilipollas que se me queda a mi en estos casos.
La tragedia de Sísifo estriba en ser consciente de su destino. Sísifo, ese rebelde explotado por los dioses, descubre impotente toda la imponente magnitud de su miseria. Porque ¿qué suplicio hay en su castigo si cada paso estuviera sostenido por la fe de alcanzar su propósito.?
El desaliento no es una emoción que nos embarga, es un estado de ánimo que nos arrebata de nosotros mismos y que hace que nos relacionarnos con el resto del mundo desde la resignación. Es esa pulsión que reverbera desde lo mas profundo de la ciénaga interior para escupirnos a la cara lo poco que importa lo que hagamos, que todo seguirá igual que antes. Es el puto tañido cuya vibración nos impide sentir nuevos retos. Esos que alumbran la promesa de futuras realizaciones que nos signifiquen; porque no sé vosotros, pero para mi, conforme hemos ido ganando “peso” como actores en la esfera del consumo, la alienación ha ido haciéndoseme más patente, más lacerante en este ámbito; hasta el punto de contemplar como única salida el refugiarme en la esfera de la producción para significarme.
El desaliento llega cuando interpretamos que se nos trata como alfeñiques, como mequetrefes fáciles de torear, blanditos, con poco poder y llegamos al convencimiento de que nada de lo que hagamos va a cambiar este hecho.
Y ahí es donde Sísifo nos da de nuevo una lección, pues siendo plenamente consciente de su tormento, cada vez que baja desde la cima para reiniciar su epopeya, supera el destino impuesto por los dioses y lo convierte en un asunto humano que le pertenece enteramente.
En el instante sutil en que abandona la cima y retoma sus pasos en busca del pedrusco, Sísifo se muestra inmune al desaliento, y hace muestra de una fidelidad superior que niega a los Dioses y entrega a su pedrusco y a ese universo sin amo
que es el Monte Acrocorinto, cada trozo del enorme mineral, cada palma del terreno abrupto y oscuro conforman su mundo y solo el esfuerzo de llegar a la cima basta para llenar su corazón.

peep
Etiquetas: cambio generacional, esfuerzo, Peep, sísifo, trabajo


15 dEurope/Berlin Abril dEurope/Berlinl 2008 a las 13:29
[…] pero también un avaro mentiroso que recurrió a medios ilícitos para incrementar su riqueza. Continuar leyendo » Archivado en: “cambio generacional” opinión […]
15 dEurope/Berlin Abril dEurope/Berlinl 2008 a las 16:09
Si te contaminaste con el marketing y en alguna de las bajadas del Acrocorinto te desoriento el desaliento te recomiendo el post de Andres Ortega: Lecciones Aprendidas XVII: Push y Pull. Colgado, ya hace algunos días en su Blog: Marca personal. Encontrarás una interesante extrapolación de estos conceptos que quizá te orienten un poco y te animen a empezar a introducir el curriculum, ¿has probado ya el cvmaker? peep.
21 dEurope/Berlin Abril dEurope/Berlinl 2008 a las 19:46
Llegado el momento, nos encariñamos con la piedra, nos acostumbramos a su tacto, la abrazamos, no podemos abandonarla en el fondo del valle, necesitamos subirla, empujarla olerla.
Corremos ladera abajo, sabiendo que no hay prisa, pero corremos por correr, porque la piedra nos da un nombre, una bandera, un sentido social. No importa que vuelva a caer, pues nos levantaremos una y otra vez, sin buscar el fracaso sin rendirnos. Nos identificamos con el trabajo, con nuestras habilidades, con lo que hemos aprendido a hacer, hasta tal punto, que nos llamamos profesionales, ingenieros, expertos y conocemos la montaña, porque la hemos pisado, subido y vencido tantas veces.
AL final la roca, la piedra, termina por desgastarse, vencida por la erosión y el rozamiento, por los golpes de la caída y buscamos una nueva piedra a nuestra medida a nuestra talla, porque nos encanta los que hacemos.
Saludos perroviejos.