Los ritos, por absurdos que puedan resultarnos en una determinada etapa de nuestra vida, cumplen una función: ayudarnos a asumir una transición, un cambio importante, una despedida. El ritual de celebrar el estreno de un año nuevo tiene, además, una connotación erótico-festiva, porque, aunque sea por un instante, nos ofrece la posibilidad de soñar que el azar nos regala otra oportunidad.
Hasta los que militan en la cofradía del “virgencita que me quede como estoy” suspiran por algo. ¿Y qué decir de los eternos insatisfechos, de aquéllos que cuando llegan a alguna parte ya están pensando en el siguiente paso adelante? Pues que sufren (sufrimos) la contradicción de anhelar un viaje permanente y, a la par, venderíamos el alma al diablo por encontrar un ancla que nos amarre a un lugar al que desear volver, una y otra vez.
Tenemos 365 días para llenar de contenido y, en buena medida, depende de nosotros que no pasen sin pena ni gloria. La suerte sólo te alcanza si estás atento, lo demás hay que trabajárselo. Prefiero aceptar el riesgo de equivocarme a esperar que las circunstancias decidan por mí. Antes que detenerme, soy partidaria de buscar rutas alternativas que me conduzcan por un camino donde me encuentre a gusto y me reconozca. Intento rozar la felicidad cuando se presenta la ocasión y, a estas alturas de mi historia, procuro que me salgan las cuentas y no pagar un precio excesivo por lo logrado.
Como casi todos, trampeo como puedo con mi existencia e intento no traicionarme, aunque no siempre lo consigo. Pero para “progresar adecuadamente” hay que estar dispuesto a resolver, modificar comportamientos, despegarse de lo destructivo y mantener la ilusión; sin ella, todo es gris.
2007 me arrebató a dos personas muy queridas y me robó una promesa que me hice a mí misma. No hubiera podido evitar lo primero, pero sí permití que sucediera lo segundo; y entre mi caterva de buenos propósitos para 2008 está el no consentir repetir un error semejante.
Hoy, hago balance y estoy razonablemente satisfecha. Mañana ¿quién sabe? Sueño con los ojos abiertos.
Susana Abia
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14 dEurope/Berlin Enero dEurope/Berlinl 2008 a las 11:39
Estoy totalmente de acuerdo con Susana. 2007 ya pasó con sus cosas buenas y malas y el 2008 se presenta como una hoja en blanco. Hay que tomar las riendas y no dejar que las circunstancias decidan por tí. Lo bueno de ser perro viejo es que tenemos perspectiva para tomar las decisiones adecuadas. Feliz y próspero año a todos los perrosviejos. 2008 tiene buena rima.
9 dEurope/Berlin Febrero dEurope/Berlinl 2008 a las 12:15
[…] y Jana, que día a día hacen crecer este blog. Esta semana, nuestra amiga Susana nos da Otra oportunidad para empezar el 2008 con animo renovado y dejar atrás el lastre […]