Dic 19

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  • ¿Has pensado cómo resolver el problema que se te plantea? 
  • Uffff! Que va… pero algo se me ocurrirá. Lo que desde luego no puedo hacer es quedarme de brazos cruzados. Ni mantener una relación a distancia. Ese camino no conduce a ninguna parte.  Lo que quiero es tener un futuro con él, lo necesito.
  • ¿Pero sabes todo lo que eso supone? Llevas quince años trabajando contra viento y marea para estar hoy en una posición de prestigio, desarrollando un puesto de trabajo de ejecutiva y con una remuneración envidiable! Esto no se consigue todos los días

La conversación sigue y, dependiendo de sus interlocutores desembocará, en múltiples reflexiones. Lo que está claro es que se trata de una situación muy común. Chica/o conoce a chico/a un buen día, por que sí, porque el azar así se cruza en el camino de ambos y, para poder estar juntos, otorgándose la posibilidad de evolucionar en su relación hacia una opción sólida, de consolidar una familia, uno de los dos ha de renunciar, cambiar su destino y dejar atrás un largo y costoso camino recorrido. 

 

Desde luego no todos cuentan con la fuerza suficiente para hacerlo, y muchos se quedan en el  intento y, al cabo de cierto tiempo, se preguntan: “¿qué hubiera ocurrido, qué hubiera sido de mi vida si en aquel momento hubiera cambiado el rumbo y hubiera abandonado trabajo, ciudad y casa para seguir a…?; ¿Dejé pasar de largo al amor de mi vida?

 

Es más fácil cuando eres joven, cuando estás empezando. Con la veintena uno es más impulsivo y tiene los sentidos menos controlados. Cuando la edad empieza a pasar los 35 años, las cosas cambian. La libertad se ve mermada, sobre todo por ataduras de responsabilidades y porque la cabeza suele ganar terreno al corazón.

 

Pero algo que no se puede escapar es el hecho de que en la veintena nos hacemos el currículum trabajando aquí y allá, ganando en experiencia y profesionalidad. Mientras que cuando se acercan los cuarenta, la mayoría ya tenemos un recorrido que nos avala y, algo fundamental que nos hace tener los pies en la tierra: lo que llamamos un empleo estable. Además, es fácil que tu rango sea superior, algo que te gusta y te hace más cómodo y flexible el día a día. 

 

Si tienes un trabajo que te gusta, eres afortunado en el amor y tienes salud, ponte una medalla, porque desde luego eres un miembro de esa escasa especie humana que se sitúa en el segmento de lo que NO es normal.

 

Lo cotidiano es que el trabajo y la monotonía ensombrezca el resto de facetas de tu vida. Ser ejecutivo y no estar divorciado es casi heroico. Las horas de trabajo ahogan todo lo demás y, ¡por Dios!, el cansancio…pero que aburrido es estar siempre cansado, ¡pero es que lo estás! ¡Es mortal!.

 

¡Bueno, bueno, que no cunda el pánico! Hay que tomar soluciones para casos “dramáticos”. Te propongo que te oxigenes, que te des una oportunidad; aunque eso sí, una solución meditada. Si es porque quieres cambiar de trabajo, porque desearías vivir en otro lugar, porque tu amor está lejos, etcétera, etcétera, entrar en perrosviejos.com puede ser una buena solución.

 

 

Jana

 

 

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