Dic 10

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¿Recuerdan el cuento de la lechera? Que iba toda feliz a vender su cántaro de leche al mercado mientras hacia planes sobre como aumentar sus beneficios. Pues cuando pienso en mi hipoteca a 35 años, me acuerdo del cuento de la lechera, y lo peor de todo es que no se si soy la lechera o el cántaro de leche que al final se rompe. 

Esto de las hipotecas, es como la mili, que se acuerda uno de las anéctotas a toro pasado y hasta nos parecen graciosas. La primera hipoteca la firmé con 30 años. Tarde, como la mayoría de mi generación. Los bancos dejaban el dinero con cuentagotas y te miraban con lupa. Un chollo a 10 años que con las ayudas que solicitamos se quedó al 7,5% subvención de dos puntos de interés incluida. Estoy hablando de mediados de los 90 y el tipo de interés rondaba el 9,5 %. En aquel momento lo realmente difícil para nosotros era que nos la concedieran y coincidió que el día que el director nos pidió las nóminas, por pura casualidad, estábamos los dos trabajando.

 

Cinco años después, tocó la primera revisión. Los tipos de interés estaban ya por debajo de nuestro “tipo subvencionado” por lo que decidimos renegociar con la entidad para bajar el interés y aumentar el plazo a 15 años para ir mas desahogados. No habían pasado 2 años desde la 2º firma de la misma hipoteca, cuando decidimos ampliar de nuevo el capital para comprar la plaza de garaje y acometer una pequeña reforma en casa. Y aquí empezó realmente el problema. Después de cinco años con el agua al cuello, al bajar sustancialmente la cuota, se produce lo que los expertos llaman “efecto rebote“, es decir, automáticamente aumentamos nuestro nivel de endeudamiento hasta alcanzar el nivel anterior. En mi caso se llamó “reforma y plaza de garaje”. 

 

Cuando compramos la casa, el constructor nos ofreció la plaza de garaje por 550.000 ptas. En aquél momento nos pareció carísima y decidimos alquilársela. 7 años después la misma plaza de garaje costaba 1.200.000 ptas. y subiendo. Menos mal que lo mismo que había subido el precio de la plaza de garaje había subido la tasación de mi piso. El nuevo banco, no puso ningún problema en concedernos una nueva hipoteca a 20 años (la tercera), más barata y más grande para incluir dentro el nuevo gasto.

 

Las familias crecen. En mi caso, el estupendo piso que compramos, se quedó pequeño cuando nació el pequeño. Eso me obligó a dejar de trabajar en casa para disponer de una habitación mas y alquilar una oficina. Otro gasto mas que se convierte en un pozo sin fondo rápidamente. Al alquiler hay que añadir desplazamientos, comer fuera de casa, otra línea de teléfono, otra adsl, luz, agua, etc. En poco tiempo la “oficina” empezó a consumir tantos recursos como el piso y sin propiedad. 

 

Decidimos buscar una nueva casa, más grande. Con sitio para poder montar de nuevo el estudio en casa y evitar gastos innecesarios. Claro, que eso es más fácil decirlo que hacerlo. ¿Compras primero y luego vendes? o ¿vendes primero y luego compras?. Mi casa se había revalorizado muchísimo desde que la compramos, pero una casa nueva también sería muchísimo más cara. Lo que pueda recoger como beneficios después de liquidar la última hipoteca solo va a servir para la entrada de la nueva casa.

 

Para evitar la incertidumbre y las mudanzas múltiples, decidimos hacer un crédito puente. Otra hipoteca (la cuarta), vamos. Para poder iniciar la compra, dar la entrada y la consabida reforma sobre planos. Con la nueva hipoteca, ahora a 25 años, era como si ya estuviese vendida, a falta de encontrar comprador real. Y para eso teníamos un año hasta la nueva entrega de llaves. El tirón inmobiliario daba síntomas de que se podía acabar en cualquier momento y nunca antes habían estado los tipos más bajos. Ahora o nunca.

 

Tuve suerte. Vender tu casa mientras vives en ella es duro. A través de internet apareció el comprador y firmamos la venta y la compra con 15 días de diferencia. El comprador había pedido una hipoteca por el valor íntegro y no había señal de por medio, ni nada. Acudimos al notario pensando que no se iba a presentar, pero todo salió bien. Vendimos. En 3 días nos mudamos a la nueva casa, gentileza del constructor que nos dejo entrar con luz de obra, y a la semana siguiente teníamos la nueva hipoteca (la quinta) para la nueva casa. A 35 años el 100% del valor de venta. Los beneficios se fueron en la reforma y los gastos de las hipotecas. Prácticamente no habíamos amortizado capital, solo intereses.

 

Llevo 14 años pagando hipoteca y debo prácticamente el 100% de mi casa que tendré que pagar los próximos 33 años. En este cuento sin fin ¿soy la lechera o el cántaro de leche?

 

miguel 

 

 

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3 Respuestas a “EL CUENTO DE LA LECHERA o A MI HIPOTECA LE CRECEN LOS ENANOS”

  1. El cuento de la lechera o a mi hipoteca le crecen los enanos // menéame Dice:

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  2. El cuento de la lechera | mileuristas.com Dice:

    […] Perrosviejos.com  […]

  3. mudanzas Dice:

    Muy xulo tu blog, ne ha encantado.
    Mari Carmen.

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