Desde bien pequeña recuerdo haber convivido con una formas, expresiones y comportamientos que me fueron inculcados como valores educacionales para mi formación y convivencia en la sociedad, fueron el cimiento sólido, la buena tierra llena de nutrientes naturales, llenos de fuerza para que ese árbol, “mi árbol” hiciera o supiera ir creciendo contra vientos, lluvias y grandes temporales que vendrían aunque yo aún lo desconociera.
Iban pasando los años, y mi tronco iba engrosándo, y mis raices iban asentándose con decisión, crecía, iba viendo y sintiendo los cambios estacionales del evolucionismo de la vida, que no son cuatro pero sí podríamos decir que ciclo tras ciclo son parecidos a nuestras estaciones, grandes cambios, unos dulces, otros fríos, otros cálidos, de todo había y hay, pero mi árbol continuaba ahí, fuerte, intrépido en ocasiones, con deseos de un crecimiento enorme y contento por sus nuevas hojas en cada evolución cíclica, pues eso me enseñaba que continuaba creciendo, asentándome más y más cada día, cada año.
Pero ocurrio lo que en todo cambio avecina, un tremendo cambio climático y heme aquí actualmente en esa situación. Estoy subsistiendo a la sequía que ha entrado en mi terreno, sí, sí, amigos perrosviejos, si fuera persona que lo soy os diria y os digo que estoy deseempleada actualmente, por eso lo de la sequía, pero como empecé este relato hablando metafóricamente, creo que es mas agradable de leer si continuo en la misma linea, pues bién, en esta situación actual, dentro de un terreno fértil, bello, donde se encuentra mi microclima especial y esencial, yo continúo estando, las personas me miran, vienen a verme y yo con una enorme ilusión de ver que continuo siendo ese árbol lleno de vida, quizás ya viejo para esa especie de árbol humano, 49 redondelitos en mi tronco, pero aparentemente, recio, bello, con vida, bien nutrido, sin llegar por cosas de la vida a tener denominación de origen, es decir “licenciatura”, pero tan grande o más que otros árboles junto a mí que sí tienen esa denominación de origen.
Pero esas personas que vienen, me ven, me miran, me tocan, me observan en general, en todo encanto, todos desearían tener ese árbol en su jardín, en su parcela, pero, hasta el momento siempre hay un pero, a unos les oigo decir que sí, que efectivamente mi árbol es bello, es fuerte, pero que quedaría demasiado para ellos, a otros, que efectivamente es lo que buscaban, desean, pero ya antes habían optado por adquirir otros árboles y de momento no hay un sitio idoneo, adeacuado en su jardín, eso sí, todos coinciden que desearían tener mi árbol en sus dominios, saben que sería muy útil, pues está bien formado, con buenas ramas, muchas hojas, con buenas flores y frutos, pero hasta que no adquieran el terreno de al lado y lo unan al suyo actual no hay sitio para mí, pues también todos coinciden que mi árbol es para ponerlo en un buen sitio, que luzca, que se vea, que lo observen.
En fín amigos perrosviejos, aquí continúo estando, bello, fuerte, creciendo, cogiendo los cambios climáticos y esperando que pronto llegue a mí esa finca donde realmente pueda aportar, brillar y estar como ese árbol para el que me he ido preparando, para ser y mostrar realmente lo que soy, una persona formada, preparada, con una gran experiencia y con enormes ganas y deseos de aportar mi valía y mi capacidad.
Saludos para todos, y gracias por leerme.
María R.
Etiquetas: mujeres trabajadoras, PerrosViejos, sociedad, vida





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