No creo ser el único que alguna vez ha fantaseado con la idea de que alguna solución técnica: la acuicultura, alguna alteración metabólica en los marranos o tal vez la bondad de algún transgénico, irrumpirá de pronto en nuestras vidas y acabará de un plumazo con el hambre. Y eso, si no me pasa a mi solo, quiere decir que miramos con buenos ojos “las soluciones técnicas” confiando en que algún día acabaran con nuestros problemas.
Lo malo es que esa mirada santurrona y ensoñadora hacia la “solución técnica” esconde otra proposición implícita; más o menos el conjunto sería: Ojalá que alguna solución técnica acabe con el hambre, sin que yo tenga que despojarme de lo que he conseguido.
“Es válido decir que la mayor parte de la gente que se angustia con el problema demográfico busca una manera de evitar los demonios de la sobrepoblación sin abandonar ninguno de los privilegios de los que hoy goza“. Hardin*.
No nos engañemos, no hay solución técnica, -en el sentido de que solo requiera de una serie de cambios a nivel tecnológico o científico, demandando poco o ningún cambio en el plano de nuestros valores o de nuestra moral.- para el tipo de problemas que pone de relieve el Drama de los comunes. No perdamos más tiempo fantaseando, puede que sea fácil para nosotros -entre Estados Unidos, Europa y Japón sumaremos alrededor del veintitantos por ciento de la población mundial, pero según Paretó, aun nos seguimos chupando mas del 80% de los recursos-.
En este estado de ensoñación técnica, algunos de nosotros hemos alcanzado, jejeje, un nivel de bienestar tal, que nunca podrá ser compartido por el conjunto de la humanidad. O sea que no hay recursos suficientes como para que todo el mundo puede alcanzar nuestro nivel de vida actual, con sus tiras y aflojas, con más de un 60% de mileuristas -un concepto que empieza a ser transgeneracional-. Ergo: no hay una solución técnica, la solución pasa por un cambio de valores y de moralidad.
No voy a entrar en el problema de la distribución de la riqueza, que después de las anteriores reflexiones me sonroja en magnitudes planetarias; o en el de la superpoblación, que Hardin acometió a conciencia en el 68 para evidenciar lo dicho; que no hay solución técnica que valga. Pero si quiero hacerlo a propósito del problema de la contaminación y del calentamiento global. Y os voy a decir porqué, pues porque si nosotros pertenecemos al 20% que se chupa el 80% de los recursos, también basta con que ese 20% se ponga de acuerdo para avanzar drásticamente en la resolución de un problema que implica a toda la Humanidad, que es cada vez más acuciante y que tiene soluciones técnicas, una vez que hayamos asumido la necesidad de un cambio de valores.
No se trata de una cuestión de concienciación. En su análisis del problema de la superpoblación Hardin ilustra el efecto patógeno de la concienciación. Resulta que la conciencia es autoeliminante. O sea, hacemos una llamada a la paternidad responsable ¿no?; bien, pues aquellos que actúen en conciencia y se reproduzcan menos, serán menos que los que no lo hagan en la siguiente generación y así hasta que estos primeros se extingan. Che peep, si al final te vas a meter en un tinglado para acabar con los especímenes con conciencia de nuestra especie, jejeje.
Y es que tendemos, naturalmente, a que se nos vaya la pinza.
La principal función de la memoria es el olvido. “Todo individuo se beneficia individualmente, a partir de su habilidad para negar lo evidente, incluso cuando la sociedad de la que forma parte, en su conjunto, sufra las consecuencias.” Hardin.
Por ejemplo, los parques naturales. Pocas cosas pueden haber más limitadas que nuestros parques y reservas naturales. Bien, pues la atracción que sentimos por los valores que atesoran, y que son un acicate para que nos afanemos por conocerlos, se van devaluando conforme somos más los que vamos a visitarlos… “eso si, que nos quiten lo bailao.”
Entonces ¿qué hacemos? ¿los subastamos?, ¿los vendemos?, ¿se los regalamos a alguien?; hombre, siempre podemos mantenerlos públicos, pero ojo, diciendo quien entra; puede ser por adjudicación, por sorteo, por méritos, o a la carrera: el primero que lo pille “pa él”. No si ya, si puede dar risa, pero pensarlo fríamente, cualquiera de estos métodos propuestos es mejor que el descalabro al que nos lleva el ir “todo quisque a pajera abierta”.
El tema de la contaminación o del calentamiento global son igual de heavis, que el drama de los recursos comunes, aunque nos lleva a una nueva presentación. El sentido común nos dice que el coste que nos supone descargar nuestra basura en los recursos comunes es menor que el coste de tener que purificar esos desperdicios antes de deshacernos de ellos… Y como todos pensamos lo mismo, estamos atrapados en un continuo cagar donde comemos.
Debemos, desde ya, acabar como sea con eso de anteponer la libertad a los recursos comunes, debemos acabar ya con la imagen de los recursos comunes como un pozo sin fondo, que te das una vuelta por el campo y esta lleno de puertas.
Por desgracia, una alternativa al drama actual de los recursos comunes no tiene porque ser justa para ser preferible. Lo digo porque Hardin también nos avisa de que tendemos a cargarnos todas las iniciativas de reforma siguiendo una linea de pensamiento muy concreta y completamente fuera de juego. A saber; primero, que damos por sentado que este es el mejor de los mundos posibles y dos, que la elección que debemos hacer ante una propuesta de reforma oscila entre: reforma o nada, dejar las cosas como están.
Todo esto nos hace ser impasibles con la reforma; si la reforma no es perfecta, mejor nos quedamos como estamos. Y el error está en ver nuestro actual status quo como algo de facto, ya hecho, e inmutable, cuando en realidad cambia, avanza y crece y nos va atenazando.
¿Recordáis el post anterior, cuando explicaba que hace poco más de un siglo, el agua se purificaba tras haber recorrido unos 16 kilómetros por el cauce de un río? Bien pues ese siglo es mucho mas parecido a los 6.500 que le han precedido, que a los dos que le siguen y que tu y yo conocemos.
peep
*Garret Hardin.
“The Tragedy of Commons” en Science, v. 162 (1968), pp. 1243-1248.
Traducido por Horacio Bonfil Sánchez para la Gaceta Ecológica, núm. 37, Instituto Nacional de Ecología, México, 1995.
Etiquetas: cambio climático, cambio generacional, Peep, Peep, recursos comunes





18 dEurope/Berlin Octubre dEurope/Berlinl 2007 a las 17:41
Es que se veía venir. Yo cuando era chinorris ya sabía que algo no iba bien. Algún susto nos queda todavía y seguro que sale algo todavía mas chungo como el derretimiento del permafrost o el cambio de la salinidad del atlantico norte. Esto va a ir en progresión geométrica creo.
Ahora toca apencar. Encantado de conoceros me pasaré mas amenudo.
18 dEurope/Berlin Octubre dEurope/Berlinl 2007 a las 17:44
Por cierto que vi el blog en el listado de Blog Action Day, que fúe ayer.
10 dEurope/Berlin Diciembre dEurope/Berlinl 2007 a las 13:52
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