Un poeta ambulante que vendía versos en la calle a cambio de que le acariciaras la mirada con una sonrisa escribió una vez: “Me gusta hacer el amor en las tardes de lluvia, pero es una excusa”. A mí también me encanta, aunque con el tiempo he aprendido a no necesitar pretextos para cumplir mis deseos, sea cual sea el clima que me arrope.
Los años, esos traidores que te desgastan, que te roban la capacidad de creer que todo es posible si pones suficiente empeño en conseguirlo, que te pintan arrugas y te castigan el cuerpo, te compensan con la oportunidad de ir descubriendo cuáles son realmente tus prioridades y a qué no estás dispuesto a renunciar. A partir de ese conocimiento, cada uno es responsable de lo que decida hacer con su vida para que sea más grata, en el marco de sus circunstancias.
Las mujeres de mi generación, las que ya hemos cumplido los cuarenta, somos muy dadas a sentirnos culpables y a buscar justificaciones para regalarnos cualquier premio, por pequeño que sea. Si tenemos hijos y nos surge un viaje o una noche de fiesta que implique alejarnos físicamente de ellos, antes de concedernos permiso nos argumentamos a nosotras mismas que necesitamos un respiro, para mejorar el ánimo y así poder afrontar con renovado entusiasmo la dedicación que requieren nuestras criaturitas. Si tenemos pareja y coincide que dos viernes seguidos nos vamos a cenar con las amigas derrochamos explicaciones (incluso en el caso de que el susodicho no las pida) que disculpen nuestra ausencia, procurando esgrimir razones de peso: fulanita está pasando una mala racha y tenemos que hablar; es el cumpleaños de menganita y hace años que no lo celebramos, etcétera, etcétera. Y si nos atracamos de chocolate hasta reventarnos el hígado, o caemos en la tentación de comprarnos un capricho tan caro como prescindible, somos capaces de torturarnos durante horas hasta encontrar un motivo que nos perdone lo que asumimos como una especie de fechoría.
La cuestión es buscar excusas, en muchas ocasiones de modo inconsciente, que nos rediman del pecado de complacernos. Debe de ser algo que llevamos impreso en la memoria genética o el peso de un referente materno que ha hecho gala de su sacrificio, anteponiendo por sistema el bienestar familiar, en el más amplio sentido de la palabra, al suyo propio.
Así nos va. Herederas de una conciencia social que ponderaba las virtudes de la mujer como alma generosa, responsable del cuidado de los hijos, o de los padres ancianos y entregada a los suyos por completo, tenemos, además, que batirnos el cobre día a día para cumplir las nuevas expectativas de las féminas del siglo XXI. O sea que, arrastrando todavía gran parte del peso de lo que fue el modelo de nuestras madres y abuelas, para alcanzar hoy el notable debemos ser buenas profesionales, amantes dispuestas y encima mantener el tipo, en el sentido más estricto del término; es decir, avanzar en el tiempo procurando estar estupendas, sin michelines ni patas de gallo y con el pecho en su sitio.
Para no caer en el agotamiento o la desgana, que no sé que es peor, deberíamos darnos vacaciones. Detenernos a reflexionar que ha llegado el momento de colocar cada pieza en su sitio, localizar espacios personales y defender el derecho a disfrutar sin penar.
El verano es un buen momento para introducir un ritmo diferente en lo cotidiano, para liberarnos del dibujo de lo que pretendemos que los demás crean que somos, para retrasar lo urgente que normalmente no lo es tanto, para aplicarnos a la tarea de lograr robar horas a las obligaciones y, sobre todo, para soñar que el curso que viene, cuando llegue septiembre, lo haremos mejor.
No es un ejercicio fácil, no hay nada gratis, pero el lujo de sentir que controlas tu vida, en aquello que depende de ti, debe proporcionar un grado de libertad que compense los jirones de piel que te hayas dejado en el camino. Por eso, he acabado entendiendo que la tarde en que nos guste hacer el amor, sin necesidad de que llueva, habremos ganado.

Susana Abia
(Publicado en Diario Información)
Etiquetas: cambio generacional, mujeres trabajadoras, Susana Abia, Susana Abia, vida






22 dEurope/Berlin Septiembre dEurope/Berlinl 2007 a las 21:23
exelente tan cierto como lo que irradia tu imagenSusana Abia.-
24 dEurope/Berlin Septiembre dEurope/Berlinl 2007 a las 21:56
en las tardes de lluvia, las noches de verano, las mañanas de invierno, no? etc etc etc
3 dEurope/Berlin Octubre dEurope/Berlinl 2007 a las 10:00
Genial.
11 dEurope/Berlin Diciembre dEurope/Berlinl 2007 a las 22:25
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