Muchos de los que en los años 80 llegábamos a la universidad lo hacíamos cargados de proyectos de futuro y con unas ganas, tremendas, de poder desarrollarlos y conseguir lo que queríamos. En mi caso, ser periodista. Y lo conseguí, soy periodista o comunicador, que más da, cuento y escribo las historias que veo en la calle, que me encuentro entre los estrados de los Tribunales de Justicia, en las comisarías de policía, en las cárceles y en los gabinetes de prensa; por cierto, un buen invento (que crea muchos puestos de trabajo) y que son una salida profesional más. Vivo, porque así lo peleo día tras día, desde hace veinte años, de lo que elegí vivir, la comunicación.
¿Estoy contento con lo que soy y donde estoy? Pues sí y no. Como siempre la ambigüedad, no calculada, sino real. El periodismo de batalla, el que te curte en la calle, es el que ha guiado mi carrera profesional durante años, es seguramente el mejor, el que me llena más, pero siempre el peor pagado y en el que más codazos te van arreando. Por eso, poco a poco, las circunstancias de la vida, la familia sobretodo, te obligan a cambiar el chip. Pasas de la zapatilla y la grabadora para zambullirte en una búsqueda de horizontes profesionales nuevos. Eso sí, muy dificultosa, porque siempre en el camino del ascenso laboral, en tu emisora de radio, periódico o televisión, hay alguien que lleva tantos años ocupando el puesto de jefe “de algo” que no hay manera de que se mueva o de que “corra el escalafón” sino no es por una jubilación.
Así que si en los años 80 ó 90 por cada oferta de un nuevo puesto de trabajo nos presentábamos mil, ahora la cosa se multiplica por dos o por tres, con la diferencia que hoy por hoy, en muchas ocasiones, prefieren contratar un becario antes que a un redactor formado y forjado en mil batallas, todo por la pasta. La cuenta de resultados de la empresa es lo que cuenta y la publicidad es la que manda. Como muestra un botón: en las emisoras de radio regional, que son las que más conozco, en los horarios de los informativos locales se emite más publicidad que información, se deja de lado la noticia para vender todo menos noticias y eso no puede ser, el oyente quiere conocer y saber lo que pasa en su ciudad, en su comunidad, porque tiene derecho a ello, hay que buscar el equilibrio. Sin embargo la mayoría de empresas periodísticas le dan más importancia a sus números y no al periodista, a su experiencia y a su formación que quedan así en segundo lugar.
A partir de aquí es cuando vuelves al mercado laboral, a buscar y rebuscar. Pero la mayoría de puestos de responsabilidad están ocupados, generalmente, por gente de una generación anterior a la nuestra y no hay quién los mueva. Además, a esto se le suma que ya tienes cierta edad y cierta antigüedad en tu empresa, nadie piensa que quieras cambiar, porque en teoría “debes estar bien en el puesto en el que estás”. Y no es verdad, necesitas un cambio porque todos queremos mejorar.
Así, que finalmente, te decides, aunque con las inevitables precauciones, y te asomas al abismo, pasado el primer golpe de pánico te echas para adelante pero con el pensamiento loco valorando si la vale la pena o no. Ya no eres soltero, ya no vas por la vida a tu aire sino que tienes unas responsabilidades para con tu familia que te obliga a reflexionar mucho el cambio de trabajo. Una desventaja más con los recién licenciados que siempre les dará menos temor el futuro inmediato que a ti. Bien es verdad que, para su desgracia, al final saltas, caes con red y en mejor sitio del que esperabas.
Vuelves a respirar, no ha sido tan malo, y todo porque se convierte en evidente la máxima de que la experiencia es un grado y eso se nota, te ayuda a moverte por tu mundo laboral fuera de tu empresa de siempre. Poco a poco vuelves a abrirte caminos nuevos porque la agenda personal, en estos casos, influye mucho y siempre te ayuda a mantener viva la perspectiva de un cambio de trabajo que no siempre es posible porque no hay oferta que pida periodistas de más de 35 años. Los de cuarenta en adelante, ¿que hacemos?, a dónde vamos con nuestro currículum si hoy por hoy lo que cuenta es la edad y no la profesionalidad. Por supuesto de los sueldos ni hablamos, al menos hoy.
Mañana será otro día.

Augusto Trajano
Etiquetas: periodista, PerrosViejos, trabajadores con experiencia, vida




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